sábado, 6 de junio de 2015

Su primer beso de verano. Historia corta.

   Anna se había dado cuenta que el sol no brillaba con tanta intensidad como ayer. Hoy el día era apagado y demasiado tranquilo, demasiado silencioso. El verano no parecía tener ganas de hacer su aparición, quizás porque estaba enfadado con todo el mundo este año.
  Mientras estaba sentada a la orilla del mar, observando el vaivén de las olas, se había preguntado por qué le gustaba tanto el verano cuando vivía en una pequeña ciudad donde el termostato no alzanzaba ni siquiera los 26º. Después de mucho pensar y pensar, había llegado a la conclusión que lo que le gustaba del verano no era la estación en sí misma, sino lo que traía consigo.
  Andrew llegaría el 7 de Julio y pasaría las vacaciones allí de nuevo. Era un chico que había conocido el verano anterior y que solo visitaba aquella ciudad durante las vacaciones de verano con su familia para disfrutar de la playa y de la costa.
  Se conocieron en una fogata que el primo de él y novio de la mejor amiga de ella había montado para celebrar el verdadero inicio del verano. Su pelo castaño, ojos verdes, piel bronceada y cuerpo atlético había llamado mucho la atención de la mayoría de las chicas que aquella noche habían asistido al mismo evento. En un momento dado, sus miradas se habían cruzado uniéndose en un mar de chispas cargadas de colores. Pasaron días y días hablando y conociéndose, convirtiéndose en casi almas gemelas.
  Al terminar el verano, habían prometido volver a encontrarse después de haber compartido su primer beso de amor verdadero. Cálido y dulce como el mismo verano. Beso que jamás podrían olvidar, no por ser el primero, sino por ser agridulce y tierno.
  Desde entonces, soñaba con volverle a ver. Sabía por un e-mail que Andrew le había mandado hace unos días, que dentro de poco se podrían reencontrar. Estaba feliz y nerviosa y no dejaba de sentir una sensación extraña en la barriga.
  Estaba tan distraída en sus propios pensamientos, que no percibió la sombra que se cernía tras su espalda.
  -¿Me echabas de menos? -escuchó preguntar a sus espaldas a una voz ronca que conocía muy bien. Inmediatamente se incorporó y giró con el corazón palpitante. ¿Cómo era posible que no se hubiese dado cuenta que había alguien más allí?
  -¿Cuándo has llegado? -preguntó medio sorprendida mientras intentaba controlar los latidos de su corazón.
  -Ahora mismo. ¿Este va a ser mi recibimiento después de casi un año sin vernos? -abrió sus brazo con clara intención implícita en su acción.
   Se lanzó a sus brazos con ímpetu y ambos quedaron unidos con una agradable sensación.
  -No sabes cuanto te he echado de menos -señaló ella.
  -Yo también pequeña.
   Los veranos eran especiales, no por vestirse diferente, ni por ir a la playa o por disfrutar del fresco mar. Los veranos eran especiales porque era su punto de encuentro y lo que les había ofrecido la posibilidad de conocerse.

Karen.

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